josé luis's profileTe arrancaré el corazón,...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    1/8/2006

    El "Seductor"

     

    Llega la tarde… llevo tres meses en esta patética posada. He repudiado a todos los hombres de los alrededores y ninguno me ha dado problemas. El rumor de que existe una mujer que supera en fuerza e inteligencia a todos los hombres ha corrido por toda la ciudad. Soy famosa. La gente paga por pasar una noche conmigo y así demostrar que ellos sí  me superan en fuerza. Pero ninguno lo intenta por segunda vez y ya apenas me quedan hombres a los que combatir.

     

    Necesito abandonar este antro… Ya viene el posadero, sonríe, ha encontrado a otro cliente, seguro. Pero esta será la última. Lo rechazaré, debo viajar. Coloca una jarra de cerveza en la mesa. Sin duda ha entrado en mi habitación y ha descubierto que he hecho la maleta. No quiere que me vaya, pero ni el mejor de los tragos me hará cambiar de idea.

     

    -Eclaff, tengo otro cliente- Es la primera vez que el posadero me llama por mi nombre.- Es rico, me ha pagado bien y te ha invitado a esta jarra. No puedes rechazarlo.

    -Mire, es una pena, pero me voy ya. –Le respondo lacónica.

    -Por favor Eclaff, te compensaré con la mitad de lo que él me ha dado, pero hazlo. Después te dejaré marchar.

    -La mitad y una capa de piel.- Le espeto yo, no voy a ningún lado sin capa, moriría de frío.

    -Vale, pero… Ha pagado para estar todo el día contigo. Así que  invítalo a sentarse a tu lado. Suerte, joven.

    -Adiós.

     

    No me gusta estar con otra persona, no quiero hablar con nadie. Soy totalmente antisocial. Esto no me agrada nada. Me esta mirando. Es joven. No sé qué quiere de mí. Me hace un gesto con la mano, preguntando si puede acercarse y sin esperar respuesta se levanta. Sus andares son decididos y elegantes. Se trata ciertamente de alguien de alta cuna y no de cualquier  ladrón.  Porta una espada muy buena, no sé por qué dije que sí, debí rechazarlo… maldita capa. Aunque ningún rico es peligro para mí. Se sienta, apaga la vela con la mano y me sonríe. Yo le respondo con cara de asco. Él se ríe.

    -¿La Hermosa Dama Eclaff?- Pregunta con voz profunda y amable.

    -Eso creo. -Me limito a responder.

    -Bien… No te diré mi nombre, desearía que eso fuese un secreto.

    -Me da igual quién seas.

    -Comprobarás, sin embargo, que soy alguien importante, así que deberías mostrar más respeto.

    - Yo no respeto a nadie.- Le digo, cortante.

    -Veo que no eres muy habladora.

    - Muy observador- Le respondo, sarcástica.

    - Bueno, en ese caso me voy ya, sólo quería conocer a esa mujer del pueblo que hacía enloquecer a todos los hombres y que ha conseguido atraer a tantos extranjeros. La indomable Eclaff. Me esperaba que tuviera mayor encanto, una sonrisa cautivadora, unos ojos inocentes, que rebosara bondad y simpatía. Estaba equivocado. Quédese el dinero. La verdad, me sobra y veo que a ti te falta. Si nos encontramos en otro momento…no  la conozco, ni usted a mí. Adiós.

    -¿Creía que yo era una de esas damas que se entregan a cualquier caballero noble? Yo no me dejo seducir por unas monedas de oro.

    -¿Qué hace falta entonces para seducirla, señorita?

     

    No respondí, no supe qué decir. Me levanté y subí escaleras arriba, no sin antes oírle decir al hombre rico “Esa chica no tendrá un buen futuro”

    1/7/2006

    Insolente niño

    Salgo a la calle y un frío me estremece, necesito una capa. Me siento al lado de un árbol, observando al río y aun guardo un sentimiento de terror al esperar ver el cuerpo de mi madre en cada corriente de agua que pasa. Debo entrar en el ejército. Hacerme pasar por hombre. Intenté que me aceptaran como mujer, pero ni siquiera me dieron permiso para hablar con el rey. Cuando no tienes ni tan solo los apellidos de campesino, nadie te respeta. No hay demasiada confianza tras la guerra y yo soy una total desconocida. Pero necesito dinero. Buscaré un nombre cualquiera y me inscribiré. ¿Pero cuál?

    Un niño se me acerca, lo miro con desprecio y él, indiferente a mi rostro se sienta a mi lado. Odio a los niños. Mi niñez fue espantosa y los envidio a todos. No los soporto.

     

    -Mi papá dice que algún día tendré una espada como la tuya. Mi papá es un gran guerrero ¿sabes? Mi papá dice que luchar es de hombres, pero tú eres una mujer. ¿De dónde sacaste esa espada. ¿También te la dio tu padre?

    -Yo nunca tuve padre.- Respondo en tono amenazante. Pero al niño no le importa mi actitud.

    -¡Oh! Vaya, no lo sabía- ¿Qué iba a saber él de mi vida?- ¿Quién te enseñó a luchar entonces?

    -Niño insolente. Aprendí yo sola, no necesito a nadie.

    -Mamá dice que la soledad es triste y fría. Que todos necesitamos compañía. Mamá dice que las cosas se deben aprender de los mayores. Así que yo me casaré con una hermosa dama dentro de poco. Para no estar solo ¿tu mamá no te enseñó eso nunca?

    -Tampoco tuve madre.- digo, encogiéndome de hombros.

    -Vaya... debes estar realmente sola... ¿Y no estás triste?

     

    Mi paciencia es poca y ya he aguantado bastante. ¿Dónde está el grandioso padre de este niñato? ¿O su magnifica madre que tanto le enseña sobre la maldad de la soledad? Agarro al niño de su blusa y lo pongo a mi altura, elevándolo del suelo.

     

    -Mira, idiota. Todos estamos solos en el mundo. No importa quién demonios esté a tu lado aguantando tus tonterías. Da exactamente igual cuántos estén a favor de tus doctrinas. Estás completamente solo. Ante la muerte ¿quién puede ayudarte? Da igual cuántas medicinas te den, tú eres el único que puede luchar contra ella. Las decisiones,  las tomas tú, no esos que te siguen. Estás solo, todos lo estamos y esa, amigo mío, es la cruel realidad. Así que ahora lárgate, vive tu vida y déjame a mí vivir la mía.

     

    Suelto al niño y este corre despavorido. ¿Triste yo? Sí, sí que lo estoy ¿Y qué? Él no es nadie para restregarme la soledad. ¿Qué enseñan los padres de hoy en día? ¡Bendita soledad! Esa sí que es buena maestra.

    Recojo mi espada y entro de nuevo a la posada. El dueño me mira con antipatía y curiosidad, parece que acaba de percatarse de que no trata con cualquier dama indefensa.

    -Ten cuidado, chica. No sé qué le has hecho al niño, espero que nada demasiado malo. La próxima vez asegúrate de saber con quién tratas antes de dar un paso en falso. Ese niño es hijo de…

    - Me da igual de quien sea hijo.

    -Mire, a mi no me hable así.- dice el posadero, dolido, le dirijo una mirada asesina y enseguida se calla, acobardado.

    Me siento en la esquina apartada de la posada, la cercana a la chimenea. Necesito hacer algo ya. Luchar, trabajar, viajar, lo que sea.  El sueño me vence… creo que antes de comenzar algo nuevo debo descansar...

     

     

    1/4/2006

    Sobreviviendo

    -¡Señora! Despierte. Si va a quedarse a dormir debe usted pagar una habitación.

     

    La realidad vuelve a mí. He vivido de la piedad durante  cinco años, pero con veinte años ya soy  mayor y a los mayores no se les concede favores, ahora debo pagar.

     

    -Señor…me encantaría quedarme a dormir aquí y no al raso donde a una viajera solitaria como yo no tardarían en matarla, pero no tengo dinero. Si usted me permitiera trabajar aquí…

    -¡No! ¡Váyase!-grita con violencia, pero su rostro se ilumina de repente-  A no ser que esté dispuesta a compartir el lecho…

    -Me da igual dormir con otra persona, mientras el otro sea alguien respetuoso.

    -Lo será, descuide. Además mañana podrá comer con nosotros sin pagarnos… a cambio de su trabajo claro está.

    -Trabajaré.

     

    Al rato el dueño me da una llave, subo a la habitación y hay un hombre esperando. Sus dientes están rotos y sus ojos brillan de una forma extraña.

     

    -Eres hermosa…-dice él. No me gusta su mirada, no me gusta su rostro, él no me gusta. Pero mañana comeré bien…

     

    Él se acerca a mí, acerca su horrible boca a la mía y me besa. ¡Que asco!  Le doy un empujón le agarro las manos, lo tiro a la cama y le pego. Él me mira atontado.

     

    -Mire, no me ponga una mano encima. ¿Entiende? Porque lo mato. Dormiré con usted, pero usted no me tocará ¿De acuerdo? Y mañana le dirá eso al posadero. Que dormimos juntos ¿Bien? ¿Lo hará o prefiere morir bajo el metal de mi espada?

     

    El asiente asustado, tembloroso. No comprendo por qué todos los tíos son iguales. Yo no pago por dormir con ellos, pero ellos no tienen derecho a tocarme. Lo suelto. Se echa a un lado a dormir. Y yo al otro. Hacía mucho que no dormía tan bien. Pero aun así mantengo mis sentidos alerta por si el hombre vuelve a intentar atacarme.

     

    El día amanece tranquilo, el hombre se levanta y se marcha. Yo bajo tras él y lo vigilo, bajo mi atenta mirada le dice al posadero que he sido una buena compañera y se marcha corriendo. El posadero me da el desayuno. Hoy será un buen día.

    En la niñez...

    -¡Eclaff! ¡Ayúdame! Me encuentro mal…estoy cayendo otra vez.

     

    De nuevo su grito que me saca de la tranquilidad. Me levanto y voy corriendo en su busca, pero no la encuentro, no está donde siempre; sentada en su mecedora o tumbada en la cama. Empiezo a temblar…

    -¡Mamá! ¡Mamá! ¿Dónde estás?- grito desesperada.

    -¡Eclaff!

    La voz proviene del sótano, pero ¿Qué hacía allí? Bajo las escaleras, la luz está apagada. Oigo movimiento. Enciendo una vela y allí está, tumbada en el suelo, llorando.

    -Mamá, ¿Por qué te levantaste? Estás enferma y lo sabes.

    -Lo siento…creía que me sentía mejor y quise hacer de comer para darte una sorpresa, pero me caí de nuevo. Ya no soy lo que era, me queda poco de vida, pequeña y mi única alegría eres tú. No sé qué será de ti cuando yo ya no esté.

    - Sé arreglármelas yo sola.- respondo, lacónica.

     

    Me acerco a ella  y le ayudo a levantarse. Huele mucho a sudor, pero yo no puedo bañarla, pesa demasiado para una niña de ocho años. Intento subir las escaleras, pero me tropiezo y la suelto. Ella cae escaleras abajo y se golpea la cabeza…sangre. He visto muchas heridas en mis cortos años, pero siempre en animales, animales cazados por mí. La vista se me nubla, me siento mal y caigo…

     

    Un pájaro canta… tengo sueño y no quiero despertarme. He tenido una pesadilla horrible, un sentimiento de soledad me ha inundado toda la noche… Abro los ojos. Siempre duermo al raso así que me extraño al verme en el sótano, pero al segundo siguiente me acuerdo de todo y corro a socorrer a mi madre…demasiado tarde, ha debido morir desangrada, por mi culpa, por mi debilidad.

     

    Lloro, como la niña pequeña que dejé de ser hace tiempo. Lloro, como cuando mi padre no volvió de la guerra. Lloro, como el día en que mamá cayó enferma.  Pero unas asquerosas lágrimas no me salvarán de esta situación. Enterrarla… ¿cómo?

     

    La levanto, no pesa demasiado, su cuerpo débil no es problema para  mí, la saco al exterior, junto al río, donde ella deseaba estar enterrada. ¿Cómo cavar la tumba antes de que el cuerpo empiece a descomponerse y a oler mal?

     

    La desesperación dirige mis manos y cavo, cavo con furia y dolor, sin mirar, sin pensar.  La oscuridad llega  y aún no he escarbado lo suficiente. Al fin me rindo, no puedo más y entre lágrimas dejo que la corriente del río se la lleve. Arrodillada, con las manos y el rostro llenos de barro observo cómo se aleja.  Esa madre a la que apenas conocí, esa madre a la que cuidé sin pensar en el por qué. Ella murió cuando mi padre se fue a la guerra, cuando yo tenía tres años. Papá nunca volvió y ella cayó enferma. Yo no sabía nada, sólo lo poco que había visto hacer a papá: cazar conejos y subirme a los árboles para coger frutas.  Ahora con ocho años estoy sola, pero sé sobrevivir. Sé cazar, sé cocinar, sé manejar la espada y el arco. Pero no quiero quedarme aquí, atrapada en el pasado, donde sólo conozco el dolor  y la soledad.  Camino hacia el bosque, con mi arco, mis flechas y mi espada, me alejo hacia lo desconocido ¿adónde iré?